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Los treinta y cinco empleados que se suicidaron

Los hombres envejecidos lucían incómodos en sus chaquetas azules y peinados de cabello corto en el banquillo de los acusados. Y tenían un buen motivo: se les imputaba acosar a empleados de una forma tan implacable que los trabajadores acabaron suicidándose.

Los hombres, quienes habían sido altos ejecutivos del gigante de las telecomunicaciones de Francia, querían hacer un recorte de miles de empleados hace una década, pero no pudieron despedir a la mayoría de ellos. Los trabajadores eran empleados estatales —empleados vitalicios— y, por lo tanto, estaban protegidos.

Así que los ejecutivos decidieron hacerles la vida tan imposible que los trabajadores se fueran por cuenta propia, dijeron los fiscales. En cambio, al menos 35 empleados —los defensores de los trabajadores afirman que la cifra es casi del doble— se suicidaron, sintiéndose atrapados, traicionados y desesperanzados de no encontrar otro empleo en el mercado laboral inmóvil de Francia.

Hoy, los altos ejecutivos de France Télécom —que alguna vez fue la empresa telefónica nacional, y ahora es una de las más grandes empresas privadas del país, Orange— enfrentan un juicio por “acoso moral”.

Esta es la primera vez que los jefes franceses, que hoy están en la mira de las estrictas protecciones laborales de Francia, son enjuiciados por el acoso sistémico que condujo a las muertes de los trabajadores.

El juicio ha fascinado a un país profundamente conflictuado con el capitalismo y la cultura corporativa, y puede ayudar a responder una pregunta que acecha a los franceses a medida que modernizan su economía de manera irregular: ¿qué tan lejos puede llegar una empresa para simplificar, deshacerse de la deuda y hacer dinero?

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